lunes, 3 de febrero de 2014



 Equidad de Género en el Campo Laboral

La equidad de género se refiere al análisis de las mujeres en la lucha por defender sus derechos exigiendo que tanto hombre como mujer deban ser parte del lenguaje habitual; relacionado a la igualdad y equidad, en este caso se habla de equidad en el campo laboral ya que ha sido uno de los impedimentos patriarcalistas de la sociedad; en este caso hablando del periodismo.



Según Mirta Calderón periodista cubana dice: “todas las personas que nos dedicamos a este oficio, en esta época y sociedad precisa, hemos crecido experimentando distintas formas de sexismo como lo más neutral del mundo”. (Calderón, 2009; 91)

Dentro de las distintas formas discriminatorias se identifica la experiencia, antigüedad, destrezas que son aspectos que identifican al hombre profesional; y por ende generan limitantes para las mujeres e incluso existen casos en los que de acuerdo al sexo se ofrecen trabajos para tanto para hombres como para  mujeres.

La diferencia también se identifica en el aspecto económico; el salario es determinado por su condición de género, con la justificación que la posición del mercado es quien establece el salario; cuando en realidad quien fija la cantidad de dinero para sus empleados es el  empresario que coincidentemente por lo general es un hombre.

Así pues, la aportación de esta periodista es muy cierta porque esas actitudes cotidianas que han generado un ambiente común en el cual esas acciones discriminatorias no cambian la forma de actuar de las mujeres; al contrario son hechos que les motivan para así reflejar su capacidad y aportar a la sociedad de la cual han sido objeto de cuestionamiento.
 

Por lo tanto con la equidad de género se apela por la trasformación de normas, valores, acciones en todo tipo de organización sin importar su condición; el objetivo es  reflejar modelos de vida que persigan la igualdad, libertad y dignidad que brinden bienestar para todos; sean estos hombres o mujeres, es decir, seres humanos.




Según Kergoat Es necesario pensar la realidad al margen de las categorías dominantes, estableciendo un marco teórico y una metodología multidimensional que refleje el esfuerzo de deconstrucción-reconstrucción de las categorías de pensamiento. Esta elaboración sólo puede ser, evidentemente, colectiva. (Kergoat, 1997:142)

Evadir las categorías dominantes es un trabajo fuerte pero no imposible, y este proceso se vería reflejado principalmente como manifiesta el autor cambiando aquellas cualidades de pensamiento que por lo general son paternalistas; poniendo en práctica una corriente que genere la interrelación de hombres y mujeres, de tal forma el trabajo en equipo beneficie los beneficie a ambos, estableciendo nuevas corrientes ideológicas y bien estructuradas para unificar la sociedad.



Dentro de esta corriente debería tomar muy en cuenta la discriminación femenina en el mercado laboral, para de tal forma evitar todo tipo de acciones que afecten las relaciones de trabajo entre hombres y mujeres, entre superiores e inferiores; es decir, crear un ambiente participativo basado en potenciar las capacidades de los individuos y eliminando la competitividad desleal, para generar un proceso de dispuesto al cambio participativo e incluyente con respecto a las mujeres que día a día han luchado por ocupar un lugar significativo en la sociedad con respecto al campo profesional en el que se desempeñe.

BIBLIOGRAFÍA:

·         Mirta Calderón en  Lagunes Huerta, Lucía. "Periodismo sin discriminación: reto del siglo XXI". El Cotidiano,Madrid. 2009.p 91. Redalyc

·         KERGOAT, Danièle, Las ausentes de la historia y la división sexual del trabajo, Buenos Aires. s/e. 1997 p. 142

 

  



sábado, 25 de enero de 2014




Mujeres en el Campo Laboral




La inserción de la mujer en la sociedad aparece en el siglo XX; sin embargo hay que mencionar que la sociedad se ha regido a sobrevivir bajo un régimen patriarcal que aún se mantiene, en especial en sociedades capitalistas en donde se supone que el hombre es el único responsable de realizar actividades laborales por ser considerado el hombre de la casa y quien vela por la seguridad y estabilidad de la familia.

Dentro de esta disputa a la que ha estado sometida la mujer existen aspectos positivos que le motivan a continuar luchando por sus derechos; como por ejemplo el amparo por medio del desarrollo de los Derechos Humanos, dentro de los cuales está involucrada la mujer; para crear un pensamiento equitativo que muestre que todos forman parte de la sociedad y también del ambiente laboral, de tal manera le permite avanzar de una manera incluyente para llegar a un nivel de igualdad entre hombres y mujeres.

Al igual que existen organizaciones que apoyan este derecho, el escenario también se torna negativo, pues como se mencionó anteriormente el vivir en una sociedad machista, no permite que las mujeres surjan a pasos acelerados para ocupar un lugar más importante; pues así lo revelan afirmaciones como esta.

Las mujeres salen a trabajar entre los 25 y 30 años, después que han formado “su primera gerencia, que es su casa” y que han tenido los hijos, y se retiran después de los 40 años por dos razones: porque vuelven a cuidar a los hijos y porque a esa edad tienen pocas posibilidades de competir con las nuevas generaciones. Por el contrario, en el caso de los hombres “que sean de 18, 25 años o lo que sea, han estado siempre fuera de la casa (...) cualquier edad es indiferente”. (Abramo, 2001: 229)

Esta afirmación es otra huella que demuestra la discriminación de la mujer con mitos como el que la mujer nació para ser ama de casa  y recalcando la delgada línea que separa el hogar y el trabajo, suponiendo que de hecho la mujer siempre estará dispuesta a sacrificar su carrera profesional por su familia.

De tal forma la mujer se siente desmotivada para ejercer su profesión y por ende, el hombre continua con el dominio que siempre ha tenido; pues el a pesar de su edad continua con sus actividades profesionales, lo que en el caso de las mujeres no sucede de igual forma debido a los determinados estereotipos creados en  la sociedad.

 














En cuanto a los estereotipos creados por la sociedad nos referimos a que en el caso de la edad, en los hombres su aspecto físico que con los años va cambiando no se toma en cuenta en su medio laboral, al contrario mientras más edad tenga es signo de que posee mejor conocimiento y experiencia; sin embargo en cuanto a las mujeres la edad sí es una condicionante porque le quita su belleza y porque existe personal más joven que le puede reemplazar, sin tener en cuenta su nivel profesional, otro factor va relacionado con la familia.    

Según Laís Abramo especialista regional en género y trabajo manifiesta que la mujer es  “Una Fuerza de Trabajo Secundaria”; pues su participación es eventual, inestable, lleva altas tasas de rotatividad, está presente la imposibilidad de hacer horas extras, trabajar en la noche e incluso realizar viajes y como consecuencia se identifica la ausencia  de la mujer en la industria y en las gerencias de las empresas. (Abramo; 2001; 227).
 
Estos son algunos de los factores negativos que limitan la participación de la mujer en el campo laboral; no se podría definir cuál de aquellos factores es el más impactante; sin embargo, la base del problema radica en el trabajo eventual e inestable de la mujer, porque en el caso de ser ama de casa siempre estará limitada a tomar sus decisiones laborales, tomando en cuenta el tiempo que le ocupa su familia; por tanto sería imposible que trabaje por la noche o realizar algún tipo de viaje; por lo tanto y como resultado decir que la mujer tiene disponible el tiempo al igual que los hombres es imposible.

Para este caso sería necesario que se cree un espacio de diálogo en la familia entre los esposos, pues un compromiso por parte de los dos sería más conveniente para estabilizar las funciones que cada uno cumpla en el hogar, rompiendo aquellos esquemas en los cuales solo la mujer cumple con las funciones del hogar; mediante el consenso podrán mejorar sus relaciones familiares y podrán cumplir con sus actividades profesionales.

De acuerdo al informe de datos y cifras del sistema universitario español en España, casi el 55% de los estudiantes universitarios de primer y segundo ciclo son mujeres, y entre los graduados las féminas alcanzan el 61%; un dato que puede identificar que el nivel de preparación profesional de la mujer es evidente que incluso empieza a superar a la estadística de los hombres.

Sin embargo, existen factores que han permitido la participación de la mujer en el campo laboral; en el caso de afecciones o imposibilidades del hombre como: desempleo, enfermedad, incapacidad o cuando se trata de ausencia de la figura paterna; quien está presente es “la mujer”, evadiendo que sus hogares se hundan en la pobreza.

Además la ausencia de la figura paterna; que en la actualidad es un tema que se ha tornado común en la sociedad,  las mujeres han sido el sustento de esta  familia incompleta; el problema radica en que aquellas mujeres por motivos como éste, no pueden adquirir un trabajo fijo y estable.

Hay que recalcar que de acuerdo a lo que la sociedad patriarcal sostenía al decir que el hombre era el único proveedor de la economía del hogar, actualmente está en duda; esa es una realidad que poco a poco está cambiando y de tal forma favorece a la mujer ya que genera su participación en el campo laboral.

Ocupar puestos de gerencia es otra de las limitantes de la mujer en el campo profesional, pues no se le da la oportunidad de participar y demostrar sus capacidades; sin embargo estos casos no se identifican en occidente en países como Noruega, España y Suecia ya que  cuentan con leyes de igualdad, que obligan a las empresas a presentar un porcentaje mínimo de mujeres en la alta gerencia; este apoyo es el que hace falta en países como el nuestro para impulsar la presencia de la mujer en el campo de la gerencia.

Por ejemplo de acuerdo al último ranking publicado por la revista América Economía de 500 empresas se observa que menos del 14% de los puestos en las juntas directivas ocupan las mujer; un índice muy bajo que ratifica que no existe participación representativa; al contario es un nivel muy bajo.
 







BIBLIOGRAFÍA:
Abramo Laís, Inserción laboral de las mujeres en américa latina: una fuerza de trabajo secundaria, Madrid, p. 229-230 y 227 Redalyc.