Mujeres en el
Campo Laboral
La inserción de la mujer en la
sociedad aparece en el siglo XX; sin embargo hay que mencionar que la sociedad
se ha regido a sobrevivir bajo un régimen patriarcal que aún se mantiene, en
especial en sociedades capitalistas en donde se supone que el hombre es el
único responsable de realizar actividades laborales por ser considerado el
hombre de la casa y quien vela por la seguridad y estabilidad de la familia.
Dentro de esta disputa a la que ha
estado sometida la mujer existen aspectos positivos que le motivan a continuar
luchando por sus derechos; como por ejemplo el amparo por medio del desarrollo
de los Derechos Humanos, dentro de los cuales está involucrada la mujer; para
crear un pensamiento equitativo que muestre que todos forman parte de la
sociedad y también del ambiente laboral, de tal manera le permite avanzar de
una manera incluyente para llegar a un nivel de igualdad entre hombres y
mujeres.
Al igual que existen organizaciones
que apoyan este derecho, el escenario también se torna negativo, pues como se
mencionó anteriormente el vivir en una sociedad machista, no permite que las
mujeres surjan a pasos acelerados para ocupar un lugar más importante; pues así
lo revelan afirmaciones como esta.
Las mujeres salen a trabajar entre los 25 y 30 años,
después que han formado “su primera gerencia, que es su casa” y que han tenido
los hijos, y se retiran después de los 40 años por dos razones: porque vuelven
a cuidar a los hijos y porque a esa edad tienen pocas posibilidades de competir
con las nuevas generaciones. Por el contrario, en el caso de los hombres “que
sean de 18, 25 años o lo que sea, han estado siempre fuera de la casa (...)
cualquier edad es indiferente”. (Abramo, 2001: 229)
Esta afirmación es otra huella que
demuestra la discriminación de la mujer con mitos como el que la mujer nació
para ser ama de casa y recalcando la delgada
línea que separa el hogar y el trabajo, suponiendo que de hecho la mujer
siempre estará dispuesta a sacrificar su carrera profesional por su familia.
De tal forma la mujer se siente
desmotivada para ejercer su profesión y por ende, el hombre continua con el
dominio que siempre ha tenido; pues el a pesar de su edad continua con sus
actividades profesionales, lo que en el caso de las mujeres no sucede de igual
forma debido a los determinados estereotipos creados en la sociedad.
En cuanto a los estereotipos creados
por la sociedad nos referimos a que en el caso de la edad, en los hombres su
aspecto físico que con los años va cambiando no se toma en cuenta en su medio
laboral, al contrario mientras más edad tenga es signo de que posee mejor
conocimiento y experiencia; sin embargo en cuanto a las mujeres la edad sí es
una condicionante porque le quita su belleza y porque existe personal más joven
que le puede reemplazar, sin tener en cuenta su nivel profesional, otro factor
va relacionado con la familia.
Según Laís Abramo especialista regional en género y
trabajo manifiesta que la mujer es “Una
Fuerza de Trabajo Secundaria”; pues su participación es eventual, inestable,
lleva altas tasas de rotatividad, está presente la imposibilidad de hacer horas
extras, trabajar en la noche e incluso realizar viajes y como consecuencia se
identifica la ausencia de la mujer en la
industria y en las gerencias de las empresas. (Abramo; 2001; 227).
Estos son algunos de los factores
negativos que limitan la participación de la mujer en el campo laboral; no se
podría definir cuál de aquellos factores es el más impactante; sin embargo, la
base del problema radica en el trabajo eventual e inestable de la mujer, porque
en el caso de ser ama de casa siempre estará limitada a tomar sus decisiones
laborales, tomando en cuenta el tiempo que le ocupa su familia; por tanto sería
imposible que trabaje por la noche o realizar algún tipo de viaje; por lo tanto
y como resultado decir que la mujer tiene disponible el tiempo al igual que los
hombres es imposible.
Para este caso sería necesario que se
cree un espacio de diálogo en la familia entre los esposos, pues un compromiso
por parte de los dos sería más conveniente para estabilizar las funciones que
cada uno cumpla en el hogar, rompiendo aquellos esquemas en los cuales solo la
mujer cumple con las funciones del hogar; mediante el consenso podrán mejorar
sus relaciones familiares y podrán cumplir con sus actividades profesionales.
De acuerdo
al informe de datos y cifras del sistema universitario español en España, casi
el 55% de los estudiantes universitarios de primer y segundo ciclo son mujeres,
y entre los graduados las féminas alcanzan el 61%; un dato que puede
identificar que el nivel de preparación profesional de la mujer es evidente que
incluso empieza a superar a la estadística de los hombres.
Sin embargo, existen factores que han
permitido la participación de la mujer en el campo laboral; en el caso de
afecciones o imposibilidades del hombre como: desempleo, enfermedad,
incapacidad o cuando se trata de ausencia de la figura paterna; quien está presente
es “la mujer”, evadiendo que sus hogares se hundan en la pobreza.
Además la ausencia de la figura
paterna; que en la actualidad es un tema que se ha tornado común en la
sociedad, las mujeres han sido el
sustento de esta familia incompleta; el
problema radica en que aquellas mujeres por motivos como éste, no pueden
adquirir un trabajo fijo y estable.
Hay que recalcar que de acuerdo a lo
que la sociedad patriarcal sostenía al decir que el hombre era el único proveedor
de la economía del hogar, actualmente está en duda; esa es una realidad que
poco a poco está cambiando y de tal forma favorece a la mujer ya que genera su
participación en el campo laboral.
Ocupar
puestos de gerencia es otra de las limitantes de la mujer en el campo
profesional, pues no se le da la oportunidad de participar y demostrar sus
capacidades; sin embargo estos casos no se identifican en occidente en países como
Noruega, España y Suecia ya que cuentan
con leyes de igualdad, que obligan a las empresas a presentar un porcentaje
mínimo de mujeres en la alta gerencia; este apoyo es el que hace falta en
países como el nuestro para impulsar la presencia de la mujer en el campo de la
gerencia.
Por ejemplo
de acuerdo al último ranking publicado por la revista América Economía de 500
empresas se observa que menos del 14% de los puestos en las juntas directivas ocupan
las mujer; un índice muy bajo que ratifica que no existe participación
representativa; al contario es un nivel muy bajo.
BIBLIOGRAFÍA:
Abramo Laís, Inserción laboral de las mujeres en américa latina:
una fuerza de trabajo secundaria, Madrid, p. 229-230 y 227 Redalyc.



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